Por Carlos Escobar
CEO de Power Strategies y aegisia.lat
En las primeras horas de este domingo, el municipio de Concordia, Antioquia, fue escenario de un hecho que genera preocupación por sus implicaciones para la educación, la institucionalidad y la convivencia democrática. Varias instituciones educativas públicas amanecieron con murales intervenidos mediante grafitis y mensajes de propaganda política a favor del candidato presidencial Iván Cepeda.
Las imágenes registradas muestran consignas como «IVÁN CEPEDA PRESIDENTE» pintadas sobre los muros de las escuelas, junto con otras expresiones de carácter político. Más allá del contenido del mensaje, el hecho plantea un debate sobre el uso de bienes públicos destinados a la educación como escenarios para la promoción de campañas electorales.
Un municipio de profundo valor simbólico
Concordia, ubicado en el suroeste antioqueño y vecino del municipio de Jericó, representa una región reconocida por su arraigo a los valores del trabajo, la disciplina, el respeto por las instituciones y la convivencia ciudadana. Conocido como el «Balcón Cívico del Suroeste» y la «Cuna de la Trova Paisa», el municipio simboliza la tradición de la colonización antioqueña y una historia marcada por la búsqueda de armonía entre sus habitantes.
Su propio nombre evoca la concordia, la paz y la unidad, principios que contrastan con este tipo de intervenciones sobre espacios destinados exclusivamente a la formación de niños y jóvenes.
La escuela debe ser un espacio de formación, no de propaganda
Las instituciones educativas cumplen una función esencial en cualquier democracia: formar ciudadanos con capacidad crítica, respeto por la diversidad de ideas y compromiso con los valores constitucionales.
Independientemente de las preferencias políticas que puedan tener docentes, directivos o cualquier miembro de la comunidad educativa, la utilización de las instalaciones escolares para difundir propaganda electoral resulta incompatible con el principio de neutralidad que debe caracterizar a los establecimientos públicos de enseñanza.
Cuando los estudiantes observan que los espacios destinados a su educación son utilizados para promover candidaturas políticas, el mensaje que reciben trasciende el contenido de los grafitis. También se transmite la idea de que es aceptable intervenir el patrimonio público con fines partidistas y que las normas pueden ser ignoradas cuando existen intereses políticos de por medio.
Desde la perspectiva del autor, además, preocupa que este tipo de expresiones promuevan candidaturas vinculadas a sectores políticos que han sido objeto de controversia por sus posiciones frente a antiguos grupos armados como las FARC y el ELN, circunstancia que considera especialmente delicada dentro de escenarios educativos.
Un impacto que trasciende el vandalismo
Este episodio no solo representa un acto de daño contra el patrimonio público. También plantea interrogantes sobre la preservación de principios fundamentales para la democracia colombiana.
Entre ellos destacan:
- La neutralidad política del servicio educativo.
- El respeto por la infraestructura pública.
- La protección del pluralismo y la libertad de pensamiento dentro de las aulas.
- La confianza de la ciudadanía en las instituciones encargadas de la formación de las nuevas generaciones.
Cuando los espacios educativos son utilizados como escenarios de confrontación política, se corre el riesgo de debilitar la confianza que la sociedad deposita en ellos como lugares destinados exclusivamente al aprendizaje y la construcción de ciudadanía.
La necesidad de una respuesta institucional
Ante hechos de esta naturaleza, resulta fundamental que las autoridades competentes actúen de manera oportuna y transparente.
En ese sentido, se considera necesario:
- Adelantar una investigación que permita establecer quiénes fueron los responsables de las intervenciones.
- Restaurar los murales y demás bienes afectados para preservar el patrimonio educativo.
- Determinar las responsabilidades disciplinarias o administrativas que puedan existir, en caso de comprobarse la participación o tolerancia de servidores públicos.
- Reforzar los protocolos que garanticen la neutralidad política dentro de las instituciones educativas del departamento.
La ciudadanía de Concordia y de Antioquia merece la certeza de que las escuelas continuarán siendo espacios dedicados exclusivamente a la educación y al desarrollo integral de los estudiantes, alejados de cualquier forma de militancia partidista.
Conclusión
La defensa de la institucionalidad comienza por proteger aquellos espacios donde se forman las futuras generaciones. Independientemente de la orientación política de cualquier candidatura, las instituciones educativas deben permanecer al margen de las disputas electorales y preservar su carácter como escenarios de conocimiento, convivencia y formación ciudadana.
Power Strategies y aegisia.lat manifiestan su intención de continuar documentando y denunciando situaciones que, a su juicio, comprometan la institucionalidad democrática y la neutralidad de los espacios públicos destinados a la educación.
La protección de los principios democráticos y de la institucionalidad no constituye únicamente una obligación del Estado; representa una responsabilidad compartida entre autoridades, comunidad educativa y ciudadanía.





