La historia de la casa tomó un giro trágico cuando Brittany Murphy y su esposo, Simon Monjack, la compraron por $3.85 millones de dólares. En diciembre de 2009, Murphy falleció en el baño de la mansión a los 32 años, víctima de neumonía, anemia y complicaciones por medicamentos. Cinco meses después, Monjack murió en el mismo lugar, también por neumonía y anemia severa.
La proximidad de las muertes alimentó especulaciones sobre moho tóxico en la casa, aunque estas fueron descartadas por el forense. Sin embargo, la tragedia dejó una marca imborrable en la propiedad, que la madre de Murphy vendió en 2011 por solo $2.7 millones de dólares, muy por debajo de su valor real.





