Es una de las más grandes apuestas del año para su editorial. Hace tan sólo algunas semanas lanzó la primera edición de ‘Por si un día volvemos’ con un total de 500 mil ejemplares, logrando una acogida similar a la que ha obtenido con sus anteriores obras en un poco más de 15 años de trabajo literario.
María Dueñas ha vuelto a encontrarse con sus lectores en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, más mujeres que hombres, porque reconoce que aún existe el estigma sobre su literatura, la escritura hecha por mujeres y más cuando las protagonistas son femeninas.
Ahora, vuelve a invitar a sus lectoras a viajar a un tiempo complejo y la ficción de un personaje literario, llevando al lector a Orán, a la Argelia francesa, frente a la costa sureste española: un territorio colonial al que montones de españoles se trasladaron como emigrantes o exiliados.
De la mano de su protagonista, Cecilia Belmonte, que también será Cecilia Lagarde y Cecilia Aubert, Dueñas reconstruye un mundo que desapareció, mientras que vuelve a profundizar en los momentos luminosos y muchas veces turbios de la condición humana.
Una oportunidad para viajar, de la mano de María Dueñas, por la ciudad africana de Orán en el siglo XX, con la particularidad de ser de origen árabe, pulso español y administración francesa. Allí, la autora desembarca a una joven con el falso nombre de Cecilia Canal. Aparenta cruzar el Mediterráneo escapando de la miseria, como tantos compatriotas. Su razón, sin embargo, es más desgarradora.
La urgencia por sobrevivir la obliga a dejarse la piel en plantaciones y lavaderos, como empleada doméstica y operaria de fábrica a destajo.
Esta es la historia de una mujer que vivió el auge colonial y el controvertido fin de la Argelia francesa. Y, en paralelo, sus páginas rescatan la memoria de los desconocidos pieds-noirs españoles que, arrastrados por la emigración y el exilio, formaron parte de aquel mundo.
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EN ESPACIO Y EN TIEMPO
–¿Cómo ha sido este nuevo viaje literario en esta novela, ahora para la Argelia francesa?
Es un lugar que pilla muy lejos en España, en tiempo, porque en espacio está muy cerca, mientras que en Francia está muy cerca porque hay muchas heridas abiertas y situaciones por resolver.
En el pasado, Argelia estuvo muy vinculada a España por razones históricas y comerciales porque estamos al frente. Durante los 130 años de la Argelia francesa, que no era colonia, era parte de Francia en ultramar, con todo su sistema, allí llegó mucho español para levantar ese mundo, como obreros, trabajando en el campo, lo que salía. Yo quería recuperar esa memoria y esa es la intención de esta novela.
–¿Otra forma de migración?
Es una buena forma de mostrar esa otra migración de la que España siempre ha sido protagonista, porque históricamente España ha sido un país de migrantes por siglos, pero se nos han ido olvidando esos capítulos de nuestra historia.
La gente joven no tiene esa conciencia que España ha estado lanzando al mundo a sus gentes a lo largo de su histori. Es bueno recordarlo a la hora de asumir una postura frente a la migración.
–Lleva algunas semanas en manos de sus lectores, ¿cómo ha sido la retroalimentación?
Siempre he tenido mucha tranquilidad a la hora de lanzar mis novelas, pero siempre hay una pizca de incertidumbre de lo que puede pasar. Sin embargo, las primeras lecturas han sido magníficas, tanto en España como lo que he podido sentir en América Latina.
Es una novela, como casi todas las mías, con una gran carga de humanidad, de una mujer por la que los lectores sienten una gran empatía, al ser una personaje que se tiene que reconstruir, conociéndola como una joven desarraigada, sola, sin protección de ningún tipo, sola, carente de todo, pero con su trabajo y coraje va superando adversidades, dándole un cause a su futuro.
Como decía un amigo investigador sobre ese mundo, “ese mundo de la Argelia francesa estaba llena de cecilios y cecilias”, pero creo que es todo el mundo el que está lleno de este tipo de personajes, con gente que se desarraiga y tiene que empezar de ceros para sobrevivir, y es uno de los aspectos que más le ha llamado la atención a los lectores.
Además, el aspecto de lo que fue Argelia en esa época, que ha sido desconocido para buena parte de España y América Latina.
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GRANDES VIAJES
–Es una de las características de su obra, llevar al lector a lugares que siempre han estado ahí pero que eran desconocidos casi por completo…
Casi en todas mis novelas me gusta rescatar un universo, porque no es sólo una localización geográfica, también es lo que pasó allí en ese momento y cómo se levantó aquel contexto. Me encanta reconstruir mundos que ya no existen, aunque esten cercanos en el tiempo.
–¿Una forma de entender el mundo y los fenómenos de hoy?
Saltando las geografías y los hechos históricos, hay unas líneas maestras que son recurrentes, que son personas moviéndose en búsqueda de un futuro mejor, trazar un nuevo camino así sea en un territorio ajeno. Así ha sido siempre, desde que los seres humanos pusimos un pie en la tierra.
España siempre hemos sido un país netamente inmigrante, ahora es al contrario, somos un país receptor y es importante conocer nuestra historia.
–Una vida bastante complicada la de Cecilia…
Le complico la vida porque en ese tiempo la vida era bastante complicada. Lo que hago en la ficción es retratar realmente lo duro que era vivir en esos contextos, en el norte de África, luchando con las adversidades del clima, pero también de la población local, los franceses y el desgarro de abandonar su tierra.
–Un lugar difícil pero al cual llegaban muchas mujeres españolas solas…
Allí los españoles eran considerados ciudadanos de segunda clase, y particularmente llegaban muchas mujeres solas para empezar de cero, trabajando igual que los hombres. Lo interesante es, que solas o acompañadas, se solían ayudar entre sí.
–¿Cómo fue la reconstrucción de ese mundo de españoles en la Argelia francesa para la novela?
A través de muchos recursos, con investigaciones académicas, prensa de la época y testimonios. Al ser un pasado relativamente reciente, aún queda gente viva de ese mundo, quienes han sido muy generosos conmigo.
–¿Cecilia es muy distinta de sus otros personajes femeninos de sus novelas más conocidas?
Es muy distinta, es la que ha tenido las situaciones más adversas, y mira que en las otras novelas las protagonistas no la pasan bien, pero es la menos protegida y he sentido que ha despertado en los lectores esas ganas de protegerla, ampararla.
En realidad a todas les complico la vida. A mí las vidas fáciles en la literatura no me interesan, porque lo que me gusta es el crecimiento de las mujeres una vez la vida les está pasando por delante.
–Se refiere mucho a sus lectores, ¿y los lectores hombres?
Cuando los hombres se liberan de prejuicios y deciden leer mis novelas, les encanta y suelen leer las otras novelas. Desgraciadamente existe el prejuicio de hombres que piensan, antes de tiempo, que una literatura escrita por una mujer, sobre otra mujer, igual no les va a interesar.
Las mujeres hemos leído toda la vida literatura escrita por hombres y de hombres, y jamás hemos tenido ese prejuicio.
–Han pasado 16 años y seis novelas desde su debut editorial con ‘Tiempo entre costuras’…
Tengo la fortuna de que todas mis novelas le llaman la atención a nuevos lectores. Es una suerte que la nueva no sepulte a las anteriores, y en el caso de ‘Tiempo entre costuras’, pasar al formato de la serie de televisión ayuda mucho a que se mantenga aún más.
–¿Cómo ve ese fenómeno de la literatura alimentando el género de la serie?
Es un buen momento para la convivencia entre la literatura y el lenguaje audiovisual, que se van nutriendo. Muchos nuevos lectores han llegado a novelas como las mías, una vez vieron las serie.
Hicimos lo propio con ‘La Templanza’, vamos a grabar ‘Sira’ y hay mucho interés de ‘Las hijas del Capitán’, mientras que estoy trabajando en historias directamente al mundo audiovisual.
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