«Hay que mirar atrás para entender, no para torturarnos ni para escarbar en la herida»

"Hay que mirar atrás para entender, no para torturarnos ni para escarbar en la herida"

La ausencia, las pérdidas, lo que hubiera sido importante que pasara y no pasó deja en nuestro interior las huellas más duraderas. Por eso entendernos es fundamental para poder avanzar. Y para ello hay que mirar hacia atrás, pero con perspectiva y sin ira.

La mente humana tiene muchas capacidades, pero debemos dejar de usarlas contra nosotros y utilizarlas para ayudarnos. Porque «los recuerdos que cubrimos para no verlos o pensar en ellos tienen una gran influencia sobre nosotros en el presente». Lo dice la psiquiatra y psicoterapeuta Anabel Gonzalez.


Una de los síntomas del déficit de b12 es el cansancio.

Doctora en Medicina y presidenta de la Asociación EMDR España, González es autora de No soy yo (2017), Lo bueno de tener un mal día (Planeta, 2020) y Las cicatrices no duelen (Planeta, 2021). Ahora publica Lo que no pasó (Planeta) y hablamos con ella de eso y de cómo influye en la persona que somos.

¿Qué deja más huella en nosotros, lo que fue o lo que pudo haber sido y no fue?Más bien lo que «hubiera sido esencial que existiera y no existió», sobre todo cuando somos niños, cuando necesitamos de los adultos para cubrir nuestras necesidades y para ir modelando nuestra mente. Si no hay afecto, comprensión, firmeza… creceremos con carencias. Lo que pasó (y no debería haber pasado) es como una lesión. Lo que no pasó, en estas etapas tan importantes, es como una desnutrición. Son distintos tipos de consecuencias. Lo que ocurre es que muchas veces lo que sobró lo vemos, y lo que faltó nos pasa desapercibido. Entender lo segundo y su influencia es uno de los objetivos de este libro.

Como cantaba Sabina, «no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás existió…»
Así es, muchas veces las canciones, la literatura, nos habla de estas emociones profundas y de su efecto. Pero creo que aunque Sabina tiene razón hay algo aún peor, que es crecer sin que exista algo importante, o llevar demasiado tiempo en una relación en la que faltan cosas esenciales, y ya rendirnos por completo, convencernos de que no las necesitamos o incluso no llegar a notar que necesitamos cosas. Aquí nos rendimos también con la vida.


La afantasía no permite reproducir imágenes con el 'ojo de la mente'.

De hecho lo que no pasó tiene un enorme poder porque somos nosotros quienes le damos forma, quienes «imaginamos» sus contornos, sus dimensiones… ¿no?
Es una de las «salidas», una que los niños, y también muchos adultos, aprovechan cuando la realidad no nos da opciones: la imaginación. Soñar con lo que necesitamos hasta el punto de que caemos en una ensoñación constante. Hay personas que acaban viviendo en mundos paralelos, dentro de su mente, soñando relaciones ideales. Podemos hacernos un poco adictos a esto, hasta el punto de que el mundo real ya no nos satisface, y nos refugiamos en estos espacios imaginarios. Son como trampas, porque ahí no hay gratificaciones ni satisfacciones reales, y no aprendemos a buscarlas.

Entonces, ¿somos el resultado de mezclar genética, contexto social, educación, vivencias… y «no vivencias»?
Sí, podríamos decirlo así. Somos el resultado de nuestra materia prima y del modelado de nuestras experiencias, y ahí entra en juego lo social, las relaciones cercanas, la familia, y como bien dices, también los huecos, las ausencias, las pérdidas. Entendernos es fundamental para poder avanzar de un modo sólido, y para entender tambien a los demás y cómo nos relacionamos con ellos. Ya sabes, no conocer bien nuestra historia nos acaba condenando a repetirla.

¿Lo que no pasó, como titulas tu libro, es básico para analizar nuestro presente?
Cuando le pregunto a los pacientes qué es lo peor, incluso cuando me están hablando de una experiencia realmente dura, muchas veces -esto me lo han enseñado ellos- lo peor no es lo que hicieron los que causaron el daño, sino la falta de protección, de apoyo, de comprensión, de aquellos de quienes aún esperaban algo. Esto siempre introduce un elemento de traición, y nos deja literalmente solos ante el peligro. Y esto no lo analizamos para darle vueltas al pasado, de hecho a lo largo del libro insisto mucho en «entrar sin pelear» en los recuerdos. Miramos atrás para entender, no para torturarnos, para darle vueltas en círculos ni para escarbar en la herida. Miramos atrás para coger perspectiva respecto al cambio en el que nos conviene trabajar. 


Marian Rojas en una imagen de archivo.

Entonces, ¿olvidar para seguir adelante es la peor estrategia?
Sería quizás una buena estrategia si no fuera una mentirijilla que nos contamos. No hay «borrador mental» como en «Los hombres de negro», pero a veces nos hacemos trampa a nosotros mismos («si tapo la luna con el dedo, es que no existe»). Lo malo es que los recuerdos que cubrimos para no verlos o pensar en ellos tienen una gran influencia sobre nosotros en el presente, pero como no lo vemos, vamos a ciegas, perdemos claves para entender lo que pasa.

Pero, ¿todo ello ocurre, esas huellas, porque no cerramos bien los capítulos de nuestra vida?
A veces queremos cerrarlos demasiado pronto, curamos en falso las heridas, o al principio hicimos eso, tiramos para delante, porque no teníamos otra, y ahora da como una pereza infinita, y también miedo, volver a abrir esos baúles y ordenarlo todo. Vemos la necesidad cuando la situación se complica, y el nudo se ha hecho muy grande. En cierto modo los síntomas son como señales de que toca revisar, elaborar, integrar, digerir y resolver. 

¿Hay manera de enfrentar los eventos principales de la vida para que no dejen en nosotros un poso tóxico? ¿O es que lo que no pareció importante lo acaba siendo con el paso del tiempo?
Hay dos cosas importantes: mirar para entender y para resolver (con curiosidad, con comprensión hacia nosotros mismos) y hacer crecer ahora lo que faltó. Si nadie nos acompañó, aprendamos a tirar de nosotros, a ayudarnos, a no autoabandonarnos. Tenemos mucho margen de maniobra. También hay terapias específicas como EMDR que pueden trabajar con los recuerdos para que el daño se vaya deshaciendo, en caso de que veamos que nos sobrepasa o que el dolor es intenso. Resignarnos a andar con lastre no es una buena opción.


Aunque resulte incómodo, el primer paso tras la confirmación de 'stashing' es hablar con tu pareja.

Todo esto, ¿confirma que la realidad es en gran medida lo que queremos que sea? Me refiero al poder de nuestro cerebro para engañarse, para modificar nuestra percepción… ¿o es mucho decir?
Bueno, los procesos de imaginación y de percepción son más cercanos de lo que pensamos. Hay una realidad objetiva, pero a veces nos cuesta mirarla de frente y si, podemos hacer muchas trampas mentales, mentirnos a nosotros mismos, quitarle importancia a las cosas, obsesionarnos… La mente humana tiene muchas capacidades, parte del aprendizaje es que esas capacidades dejemos de usarlas contra nosotros y pasemos a utilizarlas para ayudarnos. Nuestra mente se puede reprogramar, pero hemos de tenernos paciencia y cariñito.

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