La historia de la medicina está plagada de grandes hitos que han cambiado el curso de la humanidad. Entre ellos podemos encontrar la mejora de la asepsia en las cirugías, una mejor y de mayor calidad atención al embarazo y el parto o el desarrollo de los antibióticos.
Sin embargo, para poder demostrar la eficacia de estas medidas, suelen requerirse años y años en los que poco a poco se acaba demostrando que la medida implementada es realmente efectiva y supone un claro beneficio para la salud, tanto individual como poblacional.
Por todos es sabido que las vacunas son otro de estos grandes descubrimientos, ya que, gracias a ellas, somos capaces de defendernos contra infecciones muy graves que, en muchos casos, podrían en peligro la vida de quien las sufre.
A pesar de ello, existe una enfermedad que pone en jaque a los servicio de pediatría de cualquier hospital. Se trata de la bronquiolitis, una infección provocada por un virus, en concreto el virus respiratorio sincitial (VRS) en cerca del 90% de los casos, y que da lugar a cuadros de dificultad respiratoria en los niños de menor edad durante los meses fríos del año (en España de octubre a marzo).
El VRS en la población adulta suele dar lugar a catarros sin gran importancia, pero en niños pequeños provoca la mencionada bronquiolitis. Esta enfermedad no tiene un tratamiento específico, es decir, no existe una pastilla que la cure, por lo que el esfuerzo terapéutico se dirige a que el niño pase la infección de la mejor forma posible.
Para entender la magnitud del problema debemos saber que cerca del 20% de niños menores de 2 años acabará desarrollando una bronquiolitis y que 1 de cada 10 niños con bronquiolitis precisa ingreso hospitalario, de los cuales 1 de cada 10 necesitará soporte en cuidados intensivos.
Dicho así, en números relativos, cuesta hacerse a la idea de la dimensión del problema, pero debemos de tener en cuenta que en España se estima que cerca de 100.000 niños al año sufren esta infección.

A pesar de los esfuerzos de la industria farmacéutica, hasta hace bien poco sólo existía un preparado comercial dirigido a prevenir la infección por VRS, que se reservaba a los niños con más probabilidad de sufrir una bronquiolitis grave, como los grandes prematuros o los niños con enfermedades graves de corazón o pulmón. Se trata del palivizumab, un anticuerpo monoclonal contra el VRS, que estos niños recibían cada mes durante el invierno de su primer o segundo año de vida, con una eficacia relativa y un coste muy alto.
Sin embargo, en el año 2023 salió al mercado un nuevo anticuerpo monoclonal contra este virus, el Nirsevimab, que en los estudios clínicos en los que fue desarrollado prometía con una sola dosis proteger durante 180 días (lo que dura la epidemia de bronquiolitis) a los niños que lo recibieran. En dichos estudios se observó una disminución del riesgo del 80% de necesitar acudir al hospital por este motivo o de acabar requiriendo ingreso hospitalario. Como efectos secundarios, lo más destacable eran dolor en el lugar de inyección o fiebre de bajo grado en las siguientes horas, muy similar a cualquier vacuna que se administra a un niño durante su infancia.
Antes de seguir adelante, permitidme que os explique qué es esto de un anticuerpo monoclonal. Las vacunas clásicas lo que hacen es estimular la inmunidad de quien lo reciben, es decir, la vacuna contiene un trozo del virus o la bacteria contra el que se busca que el paciente se defienda. Cuando nuestro sistema inmunológico entra en contacto con ella empieza a fabricar defensas para que cuando tengamos contacto con el microbio en cuestión nos podamos defender de él como si ya le conociéramos. Os podéis imaginar que esto no ocurre de un día para otro, ya que el sistema inmunológico tarda en generar esas defensas y, en muchos casos, se requieren varias dosis de una misma vacuna para que estas se produzcan.
Por el contrario, un anticuerpo monoclonal lo que hace es defendernos por si solo contra el germen contra el que está diseñado sin que intervenga en ese momento nuestro sistema inmunológico, es decir, lo bloquea directamente sin realmente intervengan nuestras defensas. Por este motivo, el Nirsevimab defiende al niño desde el mismo día que se administra.

Si somos puristas, un anticuerpo monoclonal no es una vacuna, ya que, aunque se administra igual que una vacuna clásica, no estimula al sistema inmunológico y a nivel médico lo correcto sería hablar de inmunización y no vacunación. Otra cosa es que los padres y madres que leéis este artículo os de igual que hablemos del Niservimab como una vacuna o no.
Dicho todo esto, volvamos al principio de nuestro artículo. Como decíamos, para poder comprobar si una medida que se emplea en medicina realmente tiene éxito, suele requerirse de tiempo una vez que se implementa.
Justo hace un año, en octubre de 2023 dio comienzo a la primera campaña de inmunización contra el VRS en toda España. Para ello, cada comunidad autónoma diseñó una estrategia para administrar el Nirsevimab en los niños con más riesgo de sufrir una infección por VRS y que, de forma muy resumida, incluida a todos los recién nacidos menores de 6 meses y a los niños menores de 2 años con alto riesgo de bronquiolitis (como decíamos, cardiopatías complejas, grandes prematuros o niños con enfermedades graves de pulmón); a los nacidos a partir de octubre se les administraba antes del alta de la maternidad y al resto, a través de un sistema de citas, en el hospital o en su centro de salud.
Ha pasado un año desde el inicio de aquella primera campaña y ese tiempo nos ha permitido comprobar si aquello que esperábamos realmente se ha producido.
Hace unas pocas semanas, el grupo de trabajo de bronquiolitis de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría publicó un artículo en la prestigiosa revista Pediatrics en la que, tras comprar los episodios de bronquiolitis que acudieron al hospital durante la temporada 23-24 contra otros años en los que el Nirsevimab no se había administrado, observaron una disminución de entre el 60 y el 65% de los episodios atendidos en Urgencias por bronquiolitis, así como las necesidades de ingreso en planta y en UCI.
Sinceramente, pocas cosas en medicina han demostrado tan rápido la eficacia para la que habían sido diseñadas. De hecho, muchos compañeros que trabajan en cuidados intensivos se sorprendieron muy gratamente a medida que los meses de inverno de la temporada 23-24 pasaban ya que podían observar en vivo y en directo como sus unidades, antes colapsadas, empezaban a tener camas libres como nunca antes lo habían visto. Si queréis profundizar un poco en este tema, os animo a ver esta charla de 10 minutos del Dr. Alberto García Salido, pediatra en la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos del Hospital Infantil Niño Jesus de Madrid en el evento Naukas Bilbao 2024.
Mi impresión como pediatra de atención primaria que lleva atendiendo a niños desde hace más de 15 años es que el año pasado acudían a la consulta menos niños con bronquiolitis y, sobre todo, prácticamente ningún niño menor de 6 meses, sí, de esos que habían recibido el Nirsevimab, precisó ingreso hospitalario, si lo comparo con el recuerdo de años anteriores.
Y más allá del beneficio individual que aporta este anticuerpo, si la presión asistencial a todos los niveles disminuye eso hace que podamos atenderos mejor, con menos retraso para una cita en consulta, con menos esperas en Urgencias o con camas disponibles para ingresar a un niño, sea por el motivo que sea.
Estamos a las puertas de una nueva campaña de inmunización contra el VRS y las recomendaciones siguen siendo las mismas que hace un año como bien resumen el Comité Asesor de Vacunas de la AEP.
Por nuestra parte, solo queda recomendaros que vacunéis a vuestros hijos contra el VRS.

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