¿Por qué la gente cree que los mocos verdes necesitan antibiótico?

¿Por qué la gente cree que los mocos verdes necesitan antibiótico?

Con la llegada de los meses fríos del años empiezan a llegar al pediatra niños con fiebre, tos y mocos, lo que viene siendo un catarro de toda la vida, y con ellos una de las preguntas que más nos hacen en consulta los padres y madres: «¿No necesitará antibiótico? Es que los mocos se han puesto verdes».

Es cierto que en la medicina de adultos, sobre todo en los pacientes crónicos con enfermedades de pulmón como la EPOC o la bronquitis crónica, tiene cierto sentido, ya que un cambio en la coloración de sus secreciones habituales puede ser debida a una sobreinfeccón bacteriana. Y en estos casos los médicos de familia es probable que acaben pautando un antibiótico a sus pacientes.

Sin embargo, la medicina del niño a este respecto es muy diferente. En primer lugar porque por definición el niño es un paciente sano, es decir, no suele traer consigo un diagnóstico previo que nos condiciona nuestra actitud. Y en segundo lugar, porque sabemos que la inmensa mayoría de los cuadros respiratorios de vías altas que tiene un niño durante la infancia están provocadas por virus.

A pesar de ello, y aunque muchos padres esto ya los saben, cuando un niño pequeño lleva con mocos dos o tres semanas y los mocos cada vez son más espesos y verdes, es normal que les entre la duda de si algo no estará yendo bien o si su hijo no necesitará algo para salir de ese bucle infinito que les lleva a tener mocos desde que empieza la época escolar hasta las vacaciones de verano.


Para entender por qué los pediatras no mandamos antibiótico a un niño con mocos verdes es interesante entender dos cosas: la propia cronología de una infección respiratoria de vías altas y lo que hemos venido a llamar el ciclo del moco.

Veamos en primer lugar esto de la cronología de una infección respiratoria o si lo preferís de un catarro o un resfriado.

Este tipo de infecciones provocadas por virus se caracterizan por dos tipos de síntomas: los propios de la vía respiratoria (tos, mocos, dolor de garganta) y síntomas constitucionales (fiebre, malestar, falta de apetito).

Por fortuna, los segundos solo suelen durar unos pocos días, aunque son los que sin lugar a duda más decaído dejan al niño.

Por el contrario, los síntomas respiratorios son más prolongados y, dependiendo del tipo de infección respiratoria pueden llegar a durar hasta dos o tres semanas. Y durante ese tiempo el moco evoluciona, es decir, la cantidad, calidad y color del moco no es la misma durante todo el proceso, el famoso clico del moco del que os hablaba antes.

Los mocos son una sustancia viscosa que las células que tapizan las mucosas del cuerpo humano, como la nariz, segregan para que está permanezca húmeda y en buenas condiciones, pero además, sirven de primera defensa contra una agresión externa.

Por ejemplo, si vivimos en una ciudad con mucha polución es normal que produzcamos más moco, ya que estos nos ayudan a atrapar a las partículas en suspensión que respiramos para que no lleguen en a los pulmones.


Algo parecido sucede cuando nos enfrentamos a un virus que ha entrado en nuestro cuerpo por las vías respiratorias. Antes de que nuestro cuerpo ponga en marcha a las células del sistema inmunológico que nos defienden contra esos microbios, las células de la nariz producirán mocos como primera línea de defensa.

Estos primeros mocos serán líquidos y un poco más blanquecinos que los mocos que producimos, por ejemplo, por un exceso de humedad.

A medida que pasa el tiempo y las células del sistema inmunológico llegan allí donde se está librando la batalla, los mocos se vuelven cada vez más espesos, en gran medida debido a los procesos biológicos que tienen lugar cuando esas células entran en contacto con los virus. Además, poco a poco irán cambiando de color.

Primero a amarillo que junto con esa viscosidad aumentada le darán el aspecto de unas natillas bien cuajadas y luego a verdes, casi al final del propio catarro.

Ese cambio de coloración se debe a que uno de los mecanismos de defensa de los glóbulos blancos es a través de la secreción de una encima que se conoce como mieloperoxidasa y que, como no podía ser de otra forma, es de color verde.

Esto quiere decir que cuando el moco cambia de color de blanco a amarillo y posteriormente a verde se debe a que nuestro sistema inmunológico esta actuando contra el microbio que nos causa la infección, que no necesariamente tiene que ser una bacteria.

Una vez que se supera un catarro estos mocos tienden a secarse y poco a poco a disminuir en cantidad y volver a sus color trasparente inicial, cerrando así el ciclo del moco.

Por tanto, el color del moco en un niño (o en un adulto) sano no nos da más información sobre si debemos pautar antibiótico, ya que los mocos verdes, sobre todo en niños, los vemos frecuentemente en infecciones provocadas por virus. Y sobre todo, dar antibiótico a un niño con mocos no va hacer que estos desaparezcan porque, como ya hemos dicho, estos están provocados por virus y solo el tiempo y la paciencia hará que se acaben yendo.

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