«Estamos siempre buscando el próximo estímulo y eso nos mantiene alejados de la conexión con nosotros mismos»

"Estamos siempre buscando el próximo estímulo y eso nos mantiene alejados de la conexión con nosotros mismos"

Vivimos enredados en la ansiedad. No es sano, sino disfuncional, pues en muchos casos es un problema crónico que afecta a la calidad de vida de quienes lo padecen. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que hasta «260 millones de personas tienen trastornos de ansiedad».

Cómo vivir sin ansiedad; cómo gestionarla; cómo centrarnos en vivir el presente; en suma, cómo vivir mejor. Hablamos con el psicólogo Rubén Casado, creador de los cursos de la Escuela de Ansiedad y del pódcast La teoría de la mente. Su propia historia con la ansiedad lo llevó a fundar AMADAG.


Daniel Ramos Autó, escritor y experto en autoconocimiento personal.

Formado en terapia cognitivo-conductual, Gestalt e hipnosis ericksoniana, es también el fundador de Filia-social, donde se trabajan la fobia social y el trastorno de la personalidad por evitación. Casado publica ahora Mente de mono, cerebro de vaca. Estrategias para gestionar la ansiedad y alcanzar la paz mental (Ediciones B), un libro en el que propone empezar «una dieta mental» con método para hacer frente a la ansiedad.

Agitación, inquietud o zozobra del ánimo, dice la RAE al definir la ansiedad. Quién no querría evitar esos tres síntomas. Y sin embargo vivimos en eso, en estado de ansiedad, como si estuviera implícito en la vida que nos ofrece esta sociedad…Tenemos una concepción del cerebro demasiado idealizada, como si fuera un sabio imparcial emitiendo juicios racionales desde su trono, separado de nuestras emociones. Imaginamos al cerebro como un juez frío, lleno de lógica, que se sienta a analizar cada situación de manera perfecta, sin ninguna influencia emocional. Sin embargo, en realidad, es más como una orquesta caótica, donde cada sección a veces compite más que armoniza. Es más jazz , más improvisado de lo que estamos dispuestos a admitir. Esta desorganización puede generar ruido y muchas veces termina imponiéndose el caos emocional sobre la pretendida racionalidad.

En el libro explico que vivimos inmersos en un «zoo mental», donde nuestra mente es como un mono inquieto saltando de rama en rama. La sociedad moderna, con su ritmo frenético y su cultura de productividad perpetua fomenta un estado de ansiedad constante. Vivimos en una sociedad donde se valora el rendimiento sobre el bienestar, y donde el bombardeo de información y la presión social nos mantienen en alerta. Este contexto genera una profunda desconexión con un sistema ya de por si más propicio a estar más atento a lo que consideramos que puede ser una amenaza, impulsándonos a rumiar problemas…

¿En lugar de disfrutar del momento presente?
Efectivamente. Vivimos atrapados en el FOMO (‘Fear of Missing Out’, o miedo a perdernos algo), y en una constante fragmentación de nuestra atención, lo cual nos impide centrarnos en el aquí y ahora. Estamos siempre buscando la próxima notificación, el próximo estímulo, lo cual nos mantiene alejados de una verdadera conexión con nosotros mismos y de una vida más plena. Estamos atrapados en un ciclo donde la necesidad de productividad y la hiperactividad nos mantienen en alerta constante. Es fundamental recordar que la vida no debería ser una carrera constante. Este equilibrio implica aprender a detenernos, a cuestionar por qué nos sentimos obligados a mantener siempre este nivel de exigencia, y a buscar formas más saludables de conectar con nuestra experiencia cotidiana.


Harvard revela cuáles son los alimentos que sirven para aliviar la ansiedad

Parece una maldición que nos roba parte de la vida, y sin embargo muchos parecen haberlo olvidado, o sea, parecen haber asumido que la vida es ansiedad…
La vida es incertidumbre, y la ansiedad se genera como un intento de resolver esa incertidumbre. El ser humano es una especie tozuda, al que le cuesta entender que tiene menos control sobre muchas cosas que lo rodean de lo que está dispuesto a admitir. Tenemos un DeLorean en la cabeza, que nos permite movernos mentalmente por el tiempo, viajando a pasados que no podemos cambiar y a futuros inciertos. Sin embargo, a veces este viaje continuo se convierte en una fuente de ansiedad. Como si tuviéramos nuestro propio DeLorean, nuestra mente viaja a pasados que no podemos cambiar y a futuros que no viviremos, constantemente a lo largo de un día. Ser viajeros en el tiempo nos ha permitido ir mucho más allá que cualquier otra especie conocida, y a la vez ha sido nuestra némesis.

¿Y esa manera de «viajar» qué nos causa?
Ese ‘viaje mental’ continuo genera ansiedad y nos impide disfrutar del presente, atrapándonos en un ciclo sin fin de preocupación y arrepentimiento. Depositamos una fe inmensa en la voz que escuchamos dentro de nuestra cabeza. Esa voz, que especula constantemente sobre el futuro y sobre lo que deberíamos hacer, se ha convertido en la nueva autoridad, la nueva divinidad. Pero la mente no sabe a ciencia cierta lo que va a pasar; solo genera hipótesis, algunas acertadas, otras no tanto. Sin embargo, tomamos esas especulaciones como si fueran verdades absolutas, como si fuesen la voz de Dios. Y claro, ¿cómo vamos a discutir con esa voz que parece saberlo todo?

¿Rumiamos porque nos falta amor, nos falta confianza, nos falta sentido, propósito…? ¿Por qué rumia tanto nuestra mente?
Porque queremos resolver algo, aunque lo difícil es distinguir entre lo que podemos resolver y lo que no. Un ejemplo ilustrativo de cómo la rumiación puede ser productiva es la anécdota de Newton durante el año de la peste. Newton se retiró a una villa para escapar del brote y fue durante este tiempo de aislamiento que pudo formular algunas de sus teorías más brillantes, incluyendo la ley de la gravedad. También Darwin observó y reflexionó sobre las especies que encontró en su viaje a bordo del Beagle en una casa de campo en la que estuvo encerrado años, y donde desarrolló su teoría de la evolución. Estos ejemplos nos muestran cómo la creatividad y los grandes avances suelen ser el resultado de una ‘lavadora mental’ que, si bien a veces puede parecer agotadora, también es capaz de generar ideas transformadoras.


Una mujer posando para un selfie frente a un jet corporativo.

Pero esa lavadora… también podemos usarla mal, ¿no?
Lo malo es cuando aplicamos toda esta capacidad a problemas que no podemos resolver de esta manera, como el querer saber si alguien realmente nos ama, o si tendremos éxito en un futuro incierto. Estos problemas suelen no tener una respuesta clara o inmediata, y la rumiación solo aumenta nuestra ansiedad sin aportar soluciones. Hay una parte de nuestra vida que en realidad se debe vivir con fe: no sabemos cómo funciona nuestro cuerpo, pero funciona; no sabemos si vamos a vivir mañana, pero suponemos que sí; no sabemos cómo funciona la tostadora, pero nos permite desayunar. Aceptar esta incertidumbre y vivir sin entender, es fundamental para reducir la carga de la rumiación.

«Se quiere otra vida» cantaba Battiato. Pero, ¿realmente la queremos? Porque no hacemos mucho por salir del círculo de la ansiedad. ¿O es que esa misma ansiedad nos abotarga y nos impide actuar con lucidez?
Creo que hacemos todo lo posible por librarnos de ella, y ahí radica parte del problema. La mayoría de la gente no tiene un problema con la ansiedad en sí, sino con las soluciones intentadas para tratar de librarse de ella. Pretendemos prepararnos para todas las eventualidades sin comprender que esa misma anticipación es la que genera ansiedad. Es paradójico que nuestro deseo de escapar de las arenas movedizas nos haga hundirnos un poco más.

Battiato pasó su vida buscando un centro de gravedad. Recuerdo un verso suyo de ‘La Cura’: «Superaré las corrientes gravitacionales, el espacio y la luz, para no dejarte envejecer». No sé si se quiere otra vida, pero se miran muchas vidas. Si lo piensas bien a nosotros que nos fascina tanto los objetos exclusivos, las ediciones limitadas, los momentos únicos… seguimos sin entender que nada, ni nadie podrá repetir nuestra experiencia, y a pesar de todo pretendemos medirnos, compararnos…


Una mujer joven con una bicicleta vintage disfrutando del tiempo en el campo de cerezos en primavera.

¿Y en su libro nos ayuda a buscarle las vueltas a la ansiedad?La ansiedad a veces toma esa forma de parálisis por análisis, y nos hace creer que mantenernos en un estado de preocupación constante nos protege. En el libro describo cómo la ansiedad actúa como un elefante reactivo: aunque deseamos salir del círculo de ansiedad, el elefante se resiste al cambio. El deseo de vivir de otra forma está ahí, pero la misma ansiedad que nos agota también nos convence de que cambiar es imposible. Salir de este ciclo requiere valentía, pero sobre todo, aprender a conocer y a guiar a nuestro elefante interno, en lugar de dejar que él nos guíe.

Rumiamos nuestros problemas y, como diría Teresa de Ávila, vivimos sin vivir en nosotros. ¿Rumiar es preocuparse en lugar de ocuparse?
Ocuparte implica tomar acción concreta sobre aquello que está en tus manos, en lugar de quedar atrapado en el ciclo sin fin de preocupaciones sin solución. Es dar un paso hacia lo que puedes cambiar, en vez de perderte en lo que no tiene una respuesta clara.

Doña Teresa también hablaba de nuestra mente como la loca de la casa, refiriéndose a nuestro divagar. Esto tiene relación con el concepto de RND (Red Neuronal por Defecto), que es la parte de nuestro cerebro activa cuando no estamos enfocados en una tarea específica. Es como una ciudad que nunca duerme, llena de pensamientos erráticos, recuerdos y especulaciones. Esta red se enciende cuando divagamos, haciendo que nuestra mente sea una máquina imparable de pensamientos, tal como una ciudad ruidosa y bulliciosa en plena actividad constante. Los estudios nos dicen que pasamos la mitad de nuestra vida divagando por cierto… A lo mejor no es tan importante que el ruido esté como intentar hacernos entender, ¿no?


Una persona con un trastorno de ansiedad.

Ese constante ruido mental que nos opaca parece un efecto secundario de esa actitud tan racional y cartesiana de Occidente de la que sin embargo parecemos tan orgullosos…
Vivimos en una cultura que glorifica la lógica y el pensamiento racional, pero en el libro explico cómo esta sobrevaloración de la racionalidad nos ha desconectado de nuestra parte más intuitiva. La mayoría de las cosas más importantes que suceden en nuestra vida no se piensan, se viven. Libros como ‘Pensar rápido, pensar despacio’ de Daniel Kahneman nos ayudan a desmitificar esta separación. Kahneman explica que nuestra mente opera en dos sistemas: uno rápido e intuitivo y otro lento y deliberado. Comprender que ambos sistemas están constantemente interactuando nos muestra que no siempre podemos confiar en nuestra racionalidad, porque muchas veces nuestras decisiones son el resultado de procesos automáticos e impulsivos. Al entender esta interacción, podemos aceptar que no todo se resuelve racionalmente, y que gran parte de la vida debe ser vivida sin tener todas las respuestas claras. Hay que pensar más con el corazón y aprender a sentir con la cabeza.


Borja Vilaseca. ©Xavier Torres-Bacchetta

Entonces, hay que vivir el presente, el ahorita mismo, porque es lo único que realmente tenemos. ¿Y hacerlo sirve para reducir nuestra ansiedad?
Ayuda, por supuesto. Yo lo intento, aunque sé que nunca lo haré mejor que mi perro. Todas las mañanas paseo con él y me doy cuenta de que a su lado siempre seré un simple aprendiz. En mi caso, tengo que vivir a pesar de mi zoo interno, y él viene con casi todo hecho de fábrica. Los guapos de serie son asquerosos. ¡Aunque sí, parece que vivir en el presente es una de las herramientas más poderosas para reducir la ansiedad! Los estudios han demostrado que las prácticas de atención plena pueden reducir significativamente el estrés y la ansiedad. Estos estudios sugieren que entrenar nuestra mente para concentrarse en el presente tiene efectos positivos en nuestra respuesta al estrés, disminuyendo la actividad de la amígdala, la parte del cerebro responsable de las reacciones emocionales intensas. Cuando entrenamos nuestra mente para enfocarse en el presente, reducimos el espacio que le damos a esas preocupaciones y rumiaciones.

Fuente

Compartir: