En la carrera por la Presidencia de Colombia, las encuestas han pasado de ser un termómetro de la opinión pública a convertirse en el arma de propaganda más sofisticada. El último velo en caer ha sido el de la campaña del abogado y candidato Abelardo de la Espriella. Una factura registrada ante la DIAN por $195 millones de pesos, revelada inicialmente por el periodista Melquisedec Torres y confirmada por La Silla Vacía, deja al descubierto el motor detrás de su narrativa de ascenso: la campaña de De la Espriella financia directamente a Atlas Intel, la misma firma cuyos datos públicos lo posicionan de manera sospechosamente favorable y que hoy está bajo la lupa de las autoridades electorales.
El documento detalla la contratación de un «servicio de tracking electoral» privado para el Grupo Significativo de Ciudadanos Defensores de la Patria. Si bien contratar mediciones internas es una práctica común y legal en la fontanería de cualquier campaña, el caso de De la Espriella cruza la línea de la estrategia técnica para entrar en el terreno de la manipulación de la percepción pública.
Atlas Intel no es cualquier encuestadora en este tablero: es la firma que nutre los titulares de la revista Semana —medio abiertamente alineado con los intereses del candidato— y la que sistemáticamente le otorga sus mejores números. El hecho de que personas del entorno íntimo del candidato publiquen selectivamente datos de este pulso privado en momentos políticos clave rompe la frontera entre el consumo interno de datos y la propaganda coordinada.
Mientras el Consejo Nacional Electoral (CNE) investiga la metodología de la encuestadora, el hallazgo de la factura en los registros oficiales no solo ensucia la bandera de «independencia» y «fuerza orgánica» de la que presume el penalista, sino que devela una vieja verdad de la política criolla: a veces, el candidato no está ganando en las calles; simplemente está pagando por el espejo que mejor lo refleja.
Repercusiones clave para Abelardo de la Espriella
Este golpe informativo no frena la campaña, pero altera drásticamente sus condiciones de juego en tres frentes críticos:
- Demolición de la narrativa de «Fuerza Orgánica»
- Presión e investigación en el CNE
- El Consejo Nacional Electoral (CNE) regula estrictamente la publicación de encuestas para evitar que engañen al votante.
- Si se demuestra que personas cercanas a la campaña filtraron intencionalmente este tracking privado para incidir en la opinión sin cumplir con los requisitos metodológicos y de auditoría que exige la ley colombiana, la campaña (y la encuestadora) podrían enfrentar duras sanciones económicas y administrativos.
- El «Efecto Búmeran» sobre sus aliados mediáticos





