El término personas con altas capacidades intelectuales ha evolucionado desde los primeros estudios que lo asociaban a alto rendimiento académico y más tarde a un elevado cociente intelectual. Hoy se define como un potencial a desarrollar. Porque dentro del concepto, la superdotación es la más conocida, pero hay más. Precocidad, creatividad, talento, que a su vez puede ser matemático, músical, plástico, lingüístico, etc.
¿Cómo acompañar en la crianza de un niño con altas capacidades? Beatriz Belinchón es la creadora del blog Hijos con altas capacidades; Mario Belda es ingeniero informático y psicólogo; Maider Belda es psicopedagoga, de profesión y de vocación. Los tres autores son personas con altas capacidades y han escrito un libro: Hijos con altas capacidades: educarlos felices.

Hablamos con ellos sobre la importancia de acompañar a estos niños, de cómo ofrecer a los padres y educadores aquello que necesitan saber para poner en contexto lo que supone la alta capacidad intelectual y cómo conectar emocionalmente con los hijos.
Para empezar aclaremos ese lugar común. ¿Persona con altas capacidades es sinónimo de superdotado o superdotada?
Es cierto que puede inducir error cual de los términos utilizar si altas capacidades, sobredotación o superdotación. El término que cuenta con mayor respaldo actualmente es altas capacidades intelectuales, si bien, todavía los otros términos están muy presentes en las legislaciones vigentes, entendiendo como tal, aquellos perfiles armónicos que destacan de una manera sobresaliente en todas las áreas de la inteligencia.
Porque una persona con altas capacidades (ACI) puede o no desarrollarlas, ¿verdad? Es un diamante en bruto… Y ahí está el drama cuando nadie percibe ese brillo.
Entendemos la alta capacidad como un potencial, una aptitud innata que viene concedida por una predisposición genética, y que dependerá de las condiciones ambientales (epigéneticas) para que esa capacidad inicial pueda obtener su desarrollo óptimo convirtiéndolo en talento. Es por ello que necesitamos poner el foco primero en la identificación de los alumnos con las altas capacidades intelectuales, para adaptar la respuesta educativa y que esa capacidad inicial no pase desapercibida, sino que pueda ser identificada, debidamente acompañada y desarrollada.

Pero el drama de no desarrollarlas no es tanto una cuestión de inteligencia desaprovechada, que también, como de felicidad. Porque el objetivo es la felicidad de ese niño y esos padres, ¿no?
Nuestra forma de entender un correcto acompañamiento de los alumnos con altas capacidades, va en dos líneas paralelas de trabajo. La primera es proveer de aquellos apoyos educativos tendentes a desarrollar su talento y, en otra vía paralela, proveer de herramientas de inteligencia emocional, de tal manera que ambos estén equilibrados. Desde luego como familias, nos genera mucha más preocupación cuando observamos una dificultad a nivel socioemocional, pasando la parte intelectual a un segundo plano.
En ese sentido, imagino que la base para desarrollar las capacidades de niño está en casa, en la familia… que los padres sepan de las posibilidades de su hijo y sepan cómo actuar.
Efectivamente, lo más importante es que los padres sepan cómo es el perfil de su hijo, es decir cómo funciona su mente, cómo procesa la información, cómo gestiona sus emociones, cuáles son sus fortalezas, sus desafíos, identificar sus necesidades y poder acompañarles adecuadamente. La familia tiene que ser siempre el lugar seguro, aquel espacio donde el niño pueda sentir el amor incondicional, hacerle ver que nuestro amor no está condicionado a su rendimiento académico, sino que él es valioso por ser tal y como es. Como es lógico, esto acompañado de los aspectos fundamentales de la crianza, comunicación no violenta, identificación y respeto de los valores familiares, trabajar los límites…

En el libro dais claves para identificar a las niñas y los niños con altas capacidades. ¿Es un proceso al alcance de todos los padres y madres o es necesaria la ayuda externa, profesional?
En el libro explicamos alguno de los rasgos que de manera más frecuente encontramos en los niños y adolescentes con altas capacidades. Es cierto que no tienen por qué ser todos ya que no es una lista cerrada, pero si reconocen a sus hijos o alumnos en estos indicadores sí que aconsejamos comenzar el proceso de evaluación, bien a través del colegio o bien en un gabinete privado donde un profesional especializado, a través de pruebas psicométricas estandarizadas, pueda confirmar si el niño presenta altas capacidades intelectuales.

Pero, las personas con altas capacidades no responden a un único perfil, sino que son más bien heterogéneas…
Sí, no solo hablamos en los perfiles de una alta inteligencia sino que también influyen el temperamento, el carácter, la personalidad, el contexto de cada persona. Esto es lo que les hace diferentes y los que nos hace encontrar perfiles muy diversos, incluso entre hermanos. Resulta más interesante realizar la evaluación si tenemos sospechas y centrarnos en el perfil individual de cada uno y de sus necesidades, cada cual las suyas.
¿Cómo reaccionan los padres? O sea, ¿hay complejo, y por lo tanto un problema, en ese padre o madre que siente que no está a la altura de su hijo?
Lo normal cuando una familia recibe el informe de altas capacidades es hacerse muchas preguntas. Por ejemplo, si esto va a afectar a mi familia; cómo va a ser la crianza de mi hijo o de otros posibles hermanos; si va a afectar a un posible cambio de centros escolar; si sabré identificar sus necesidades; o si estaré a la altura de lo que mi hijo necesita en cada una de las etapas.

Entonces, ¿deben los padres formarse, prepararse?
Recomendamos formarse como familia para que puedan tener un conocimiento amplio de cómo es el funcionamiento de estos niños, y sobre todo para que puedan identificar sus necesidades a lo largo de toda su etapa vital, porque no dejamos de ser padres y seguimos aprendiendo cada día ante los desafíos que van variando. Cuanto más formados estemos las familias más herramientas podremos tener para poder gestionar esas esos cambios y esas necesidades que vayamos observando, y hacerlo desde la calma y la templanza, y no desde la desesperación o el miedo.
Y el niño o niña… ¿sabe adaptarse a unos padres que no alcanzan su brillantez? ¿Es un proceso en el que también necesitan ayuda?
Las altas capacidades tienen un componente genético, es decir, lo más posible es que cuando un niño tiene altas capacidades uno de sus padres o ambos, o un pariente cercano también los tenga. Eso no es sinónimo que los intereses sean los mismos o que nuestra curiosidad sobre determinadas áreas sea la misma que la de nuestros hijos. Cuando ellos nos explican sus dudas existenciales sobre el sentido de la vida, qué pasará después de la muerte, curiosidades varias sobre los dinosaurios o sobre la ciencia… es posible que no tengamos respuestas en ese momento. Entonces, en esos casos, recogemos su duda, atraemos su curiosidad mediante hipótesis y ofrecemos la posibilidad de trabajarlo conjuntamente en este momento o cuando lleguemos a casa.
Paradójico, ¿tener una gran inteligencia es un problema? Porque se sale de la norma y en esta sociedad eso siempre se castiga…
Para nosotros no es un problema, lo consideramos más bien como un regalo, pero sí que entiendo que como sociedad todo aquello que es diferente se ve de una manera, quizá desajustada fruto de la persistencia de mitos o de prejuicios preconcebidos. Por ello es tan importante nuestra misión de divulgar y de acercar las altas capacidades desde la naturalidad para que las generaciones actuales y venideras puedan verlo como una posibilidad de acercarte a tus metas de una manera más ágil, pero que hay que saber gestionarlo para cuidarnos.

Pero llegamos a muy pocos. Se calcula que entre el 7 y el 10% de la población española tiene altas capacidades, pero ¿a cuántos de ellos consigue identificar el sistema educativo?
Actualmente, el porcentaje de alumnos identificados en la etapa educativa en enseñanzas no universitarias es del 0,62%, es decir, no llegamos al siete o al 10%, que sería el escenario más optimista.
¿Por qué se produce esa infradetección de alumnos con altas capacidades?
En primer lugar por la falta de formación del profesorado para que sepa descubrir a los alumnos con altas capacidades intelectuales dentro del aula. En segundo lugar, por el cuello de botella que se produce en los equipos de orientación, ya que se encuentran saturados atendiendo a una media de tres o cinco centros educativos por cada orientador lo que hace es que no se pueda dar respuesta adecuada a estos alumnos que quedan por identificar curso tras curso. Y hay un tercer factor que tampoco ayuda, la diferencia de criterios entre Comunidades Autónomas para considerar qué es un alumno con necesidades específicas de apoyo educativo vinculado a las altas capacidades intelectuales.
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