El número de casos de ictus está aumentando tanto en España como en el resto del mundo, y las cifras son preocupantes. En España, cada año unas 120.000 personas sufren un ictus, de las cuales alrededor de 25.000 fallecen, según la Sociedad Española de Neurología (SEN).
A nivel global, se estima que una de cada seis personas sufrirá un ictus a lo largo de su vida, lo que convierte a esta enfermedad en la primera causa de discapacidad en Europa y una de las principales causas de muerte.

Qué es un ictus
El accidente cerebrovascular, o ictus, es una condición médica grave que se produce cuando el suministro de sangre a una zona del cerebro se ve interrumpido o disminuido, lo que impide que el tejido cerebral reciba el oxígeno y los nutrientes necesarios, según explican desde la Clínica Universidad de Navarra.
Es una de las principales causas de urgencias neurológicas, resultado de un problema en la circulación cerebral. Con cada minuto que transcurre, las probabilidades de una recuperación exitosa disminuyen.

Más frecuente a partir de los 65 años
El ictus puede afectar a cualquier edad, aunque es más frecuente a partir de los 65 años. Sin embargo, ha habido un aumento del 25% en la incidencia entre personas de 20 a 64 años en los últimos años. A escala mundial, los estudios predicen un crecimiento significativo de esta enfermedad, y entre 1990 y 2021 se registró un aumento del 70% en el número de afectados, según el último análisis del Estudio sobre la Carga Mundial de Morbilidad, Lesiones y Factores de Riesgo (GBD) publicado en la revista ‘The Lancet Neurology’.
Este incremento se debe a factores como el envejecimiento poblacional y la mayor exposición a riesgos ambientales y conductuales, como la contaminación, el sobrepeso, la hipertensión, el tabaquismo y la inactividad física. El impacto del ictus es especialmente grave en países de ingresos bajos y medios, donde tres cuartas partes de los afectados viven y las tasas de mortalidad son más altas.
Cómo se puede prevenir un ictus

A pesar de esta tendencia, el ictus es prevenible en un 90% de los casos mediante el control de factores de riesgo y hábitos de vida saludables. Entre los factores de riesgo modificables se encuentran la hipertensión arterial, la diabetes, el hipercolesterolemia, el tabaquismo, la obesidad, la vida sedentaria, el consumo de alcohol, las terapias hormonales y las enfermedades cardiacas previas.
Por ello, con una dieta mediterránea, la práctica regular de ejercicio y evitando el consumo de tabaco y alcohol se podrían evitar la gran mayoría de ictus.

Además, se han desarrollado métodos de diagnóstico y tratamiento más efectivos, lo que mejora significativamente el pronóstico de los pacientes.
“Un ictus es un trastorno brusco en la circulación sanguínea del cerebro que puede ser producido por oclusión arterial (el 85% de los casos) o por hemorragia (el 15%)”, explica la doctora. María Alonso de Leciñana, Coordinadora del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología.

Los estudios sugieren que la incidencia del ictus, así como la carga asociada en términos de discapacidad y pérdida de salud, seguirán aumentando. Para combatir esta situación, se han lanzado iniciativas globales como el Plan Europeo de Acción para el Ictus 2018-2030 y el Plan de Acción de la Organización Mundial del Ictus, que buscan mejorar la prevención y el tratamiento de esta enfermedad.
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